JUBILEO 40 HORAS

 

RAÍCES Y TRADICIÓN

 

Para celebrar la Pascua del Señor, era ya una de las costumbres de los cristianos de los primeros siglos, juntarse para ayunar, hacer penitencia, orar y cantar salmos durante cuarenta horas, en memoria del tiempo que el Salvador del mundo permaneció en el sepulcro. De esta manera, durante este tiempo sagrado, estos cristianos, asociándose con profundidad a la muerte redentora del Señor, hacían más perfecta su participación en la celebración de su resurrección en la liturgia pascual.

Este tiempo lo computaban, desde el viernes, a la hora de nona (3 de la tarde), en que murió Cristo (Lc 23,44), hasta el amanecer del domingo, hacia las 7 horas, en el que resucitó (Mt 28,1). Tres días, pues, permaneció muerto el Señor en el sepulcro.

Esta manera de interpretar el tiempo de permanencia de Jesús en el sepulcro tiene una significación propia en la Sagrada Escritura. El número cuarenta puede significar sin más un largo período de tiempo, como cuando se dice que Saúl reinó cuarenta años (Hch 13,21), David cuarenta (1Cro 29,27) y Salomón cuarenta (2 Cro 9,30). Pero en otras ocasiones «cuarenta» señala un tiempo largo de purificación o de abatimiento, previo a una gracia muy alta o una especial exaltación. Son cuarenta, por ejemplo, los días que dura la purificación enorme del Diluvio (Gén 7,12; 7,17). Cuarenta años dura para Israel la prueba del desierto, antes de entrar en la Tierra prometida (Dt 8, 2; Núm 14, 33-34; Hch 13, 18). Cuarenta días y noches pasa Moisés solo en el Sinaí, en oración y ayuno, antes de recibir la Ley divina (Ex 24,18; 34,28). Cuarenta días y noches, con la fuerza del alimento misterioso que le da un ángel, Elías camina hasta el monte Horeb (1Re 19,8). Jesús permanece cuarenta días y noches a solas en el desierto, antes de iniciar su misión pública en medio de Israel (Mc 1,13). Cuarenta horas permanece muerto. Y una vez resucitado, antes de ascender al cielo, se aparece a sus discípulos durante cuarenta días (Hch 1,3).